Este es el relato de 12 días recorriendo dos puntos muy interesantes del estado de Maranhão, en el nordeste de Brasil: su capital, São Luís, y el Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses, en la costa este del estado.

No elegimos el mes de junio por casualidad: durante la segunda quincena del mes tienen lugar en todo el Maranhão las festas juninas, el más popular de todos los festejos brasileños. Si bien las festas juninas son celebradas en todo el país, con especial vigor en la región nordeste de Brasil, en São Luís encuentran su más brillante y colorida manifestación, cuya máxima expresión es la fiesta del bumba-meu-boi. A finales de junio el tiempo comienza también a ser el ideal para visitar los Lençóis Maranhenses.

Día 1. 16 junio. São Paulo - São Luís

De São Paulo a São Luís volamos con la GOL, con escala en Brasilia. 1 hora y 20 minutos de São Paulo a Brasilia, y dos horas y media de Brasilia a São Luís. Saliendo de Brasilia, la aeronave sobrevuela la ciudad, y contemplamos la alucinante planta en forma de avión de la capital brasileña [SATÉLITE].

Llegamos a São Luís a media tarde. En la aproximación también podemos contemplar la enorme isla en la que se encuentra enclavada la ciudad [SATÉLITE]. Recogemos el equipaje y pillamos un taxi que nos deja en la pousada Portas da Amazônia, en pleno casco histórico de São Luís.

El centro histórico de São Luís [SATÉLITE] fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1997, por tratarse de un ejemplo destacado de ciudad portuguesa colonial que se adaptó perfectamente a las condiciones climáticas del ecuador. São Luís (hoy con un millón de habitantes) fue fundada por los franceses, después ocupada por los holandeses, antes de caer en manos de los portugueses. En la actualidad, en la capital todavía continúan en pie cerca de 3.500 edificios coloniales en diferentes estados de conservación.

Después de dejar las mochilas en la pousada, salimos para nuestra primera toma de contacto con la ciudad. En realidad, Cecília ya había estado en São Luís hace seis años, por lo que para ella se trata de un reencuentro. En nuestro primer paseo por las calles peatonales del casco histórico nos zambullimos de cabeza en la realidad de un legado arquitectónico en un estado de franca decadencia. Por un momento, me parece estar paseando por el centro de La Habana, con sus caserones coloniales derruidos o en pésimo estado de conservación [FOTO] [FOTO]. La situación es más preocupante si se piensa que hace tan sólo seis años el casco histórico de São Luís presentaba un aspecto radiante, con fachadas restauradas y edificios pintados. En ese corto plazo de tiempo, sólo un abandono total de la ciudad por parte del poder público ha podido producir un resultado tan desastroso. Una de las riquezas del São Luís colonial son las fachadas de sus edificios, cubiertas de azulejos, principalmente portugueses [FOTO]. Pues bien, durante nuestra estancia no encontraremos ningún edificio en el que el azulejo esté conservado en su totalidad. En muchos casos, hace falta hacer encaje de bolillos para encontrar un pedazo digno de ser fotografiado sin que aparezcan muchos pedazos rotos [FOTO].

El estado de Maranhão es uno de los más pobres de Brasil. Al mismo tiempo, es el hogar de una de las dinastías políticas brasileñas más poderosas, cuyo nombre no reproduciré aquí, cuyos tentáculos se extienden por todas las áreas de la política, la economía y la vida de la región. Riqueza y pobreza extremas andando de la mano, ese es el retrato de Brasil.

El abandono de São Luís se refleja también en la atención que se dedica al turista. No existe un único folleto sobre la ciudad – o si existe, no se entrega a los turistas – donde poder informarse sobre qué lugares visitar. En las oficinas de turismo solo hay propaganda de hoteles y restaurantes. Hace tres días que comenzaron las fiestas, y el programa de las mismas todavía no está listo. Es más, como el gobierno del Estado de Maranhão patrocina algunas actividades, y la Alcadía de São Luís patrocina otras, no hay un programa único de actividades. Es como si el turista culto y sensibilizado no interesase, y se prefiriera una modalidad bastante diferente, de sexo masculino, cuyo máximo interés es entrar en contacto con las menores de edad del lugar.

El abandono del turista, todo sea dicho, no es patrimonio exclusivo de São Luís. Es un mal generalizado en todo Brasil. El que viene de vacaciones a este país lo hace a pesar de, y no gracias a, las autoridades brasileñas.

El casco histórico de São Luís no carece de interés, de lo contrario nunca habría sido elegido Patrimonio Mundial de la Humanidad. Simplemente está abandonado. Da mucha rabia, porque podría ser un lugar maravilloso, y se queda en la categoría de lugar interesante.

Después de un recorrido por las callejuelas del centro y una cena en el restaurante Antigamente, nos quedamos en la plaza Nauro Machado para ver la programación de fiestas de esa noche.

Las populares festas juninas son especialmente ricas y coloridas en São Luís. A los ritmos de las quadrilhas, también presentes en las festas juninas de otras partes de Brasil, se une la tradición del bumba-meu-boi, una fiesta típicamente maranhense de origen afroindígena. El punto culminante de las fiestas es la segunda quincena del mes de junio, especialmente en torno a los días de San Juan y de San Pedro. Durante toda la semana, las plazas y los arraiais (especie de recintos feriales) de la ciudad hierven de gente. Lo que hace de las festas juninas una celebración genuinamente popular es que son gratuitas, y abiertas a todo el mundo. Nadie paga por participar en ellas (al contrario de lo que ocurre con el carnaval, especialmente en Río y Salvador).

Todas las noches hay diferentes actuaciones de grupos folclóricos. Hay que tener un programa de fiestas a mano para poder saber qué va a aparecer y dónde. A menos de cinco minutos de nuestra pousada se encuentra una plaza en la que hay actuaciones todas las noches. La plaza tiene formato circular. Los espectadores forman un círculo, y en el medio tiene lugar la actuación [FOTO]. Hoy, nuestra primera noche en São Luís, bajamos a la plaza sin saber qué vamos a presenciar. La primera actuación es de un grupo de Tambor de Crioula, otra tradición folclórica con raíces afro. Un grupo de percusionistas toca sus tambores [FOTO] mientras que mujeres ataviadas con vestidos bailan en círculos y hacen rodar sus faldas [FOTO].

Como es la primera de cinco noches en São Luís, y estamos cansados después de un viaje que comenzó en São Paulo a las 5 de la mañana, nos vamos a dormir antes de la medianoche. No nos van a faltar oportunidades de ver actuaciones folclóricas.

Día 2. 17 junio. São Luís.

Hoy va a ser un día tranquilo, lo vamos a pasar en São Luís, antes de nuestro desplazamiento de mañana a la región de los Lençóis Maranhenses. 

Por la mañana hacemos un recorrido básico por las calles del centro. Nuestra primera parada es en el mercado que se encuentra dentro de la Casa das Tulhas, de 1820, cuyo interior tiene forma de círculo. En el mercado predominan los productos típicos regionales, como la tiquira (aguardiente de mandioca) o los anacardos. Y, por todas partes, enormes cestos de mimbre con gambas en cantidades industriales [FOTO]. Una señora que se encontraba comprando marisco [FOTO] en el mercado entabla conversación con Cecília y le sugiere múltiples recetas para preparar las gambas, además de dar algunos consejos sobre cómo comprarlas en São Luís y llevarlas de vuelta a São Paulo.

Después seguimos callejeando. Pasamos por delante de la Pousada Colonial [FOTO], con una maravillosa fachada de azulejos en relieve [FOTO] [FOTO]. Caminando por calles decoradas con banderolas verdes y amarillas [FOTO] (estamos en medio del Mundial), llegamos hasta la Igreja de São José do Desterro [FOTO], cuya fachada está dominada por tres volutas con reminiscencias árabes [FOTO]. Varias personas dan los últimos toques a la decoración para las fiestas juninas [FOTO].

Hacemos un alto en el camino para repostar y degustar por primera vez la bebida más genuinamente maranhense: el guaraná Jesús [FOTO]. Refresco que, al contrario de lo que su nombre indica, no contiene guaraná, tratándose simplemente de una bebida muy dulce que recuerda mucho al Irn-Bru escocés. Sólo para iniciados. Muchos turistas vuelven a São Paulo con botellas y latas de guaraná Jesús. No va a ser nuestro caso, con probarlo una vez, ya es suficiente.

De vuelta al centro, pasamos por el convento das Mercês, donde en julio están preparando unas festas juninas a destiempo, para atender a aquellos turistas, nacionales y extranjeros, que sólo pueden cogerse las vacaciones en julio y que, por tanto, se pierden las maravillosas fiestas de junio. El dinero del turismo mueve montañas. ¿Alguien se imagina unos sanfermines en agosto? ¿Unas fiestas del Pilar en julio?

Ahora volvemos al centro, a la Plaza Nauro Machado, que acaba de ser decorada con bueyes de plástico y metal [FOTO]. Ahí nos encontramos con Ysidio, un guía turístico que nos aborda y nos ofrece información sobre la programación de fiestas de ese día - ya he comentado que el programa oficial todavía no ha salido, a pesar de que las fiestas comenzaron ya hace varios días -. Como ve nuestro interés por el patrimonio histórico de la ciudad, Ysidio nos lleva a varios edificios para enseñarnos los diferentes tipos de azulejos, de origen tanto portugués como inglés, alemán o francés. Después de pasear por el centro con nosotros durante un par de horas, nuestro guía se despide, sin querer recibir nada por sus servicios. Dejamos apalabrado que, a la vuelta de nuestro viaje a los Lençóis Maranhenses, usaremos sus servicios, remunerados, para visitar la ciudad de Alcântara.

Aprovechamos el comienzo de la tarde para visitar el museo que hay en el Centro de Cultura Popular. Una joven muy simpática nos acompaña en la visita guiada al museo, que tiene una interesantísima colección de piezas que ilustran las diferentes manifestaciones culturales y religiosas del estado, fuertemente ancladas en el sincretismo religioso que combina las creencias católicas con los diferentes cultos afrobrasileños. Como muestra, un botón: un original belén afrobrasileño [FOTO]. Junto con Salvador de Bahía, São Luís es una de las ciudades brasileñas en las que el legado africano pervive con más fuerza. El museo, muy interesante él, es un triste ejemplo de las atracciones culturales brasileñas. La exposición no contiene rótulos de ningún tipo, ni en portugués, ni mucho menos en cualquier otro idioma. El que no domine la lengua portuguesa va a tener problemas para aprovechar la visita al centro cultural. Difícil saber dónde recae el problema. Somos los terceros visitantes que se acercan por el museo – uno de los dos más importantes de São Luís – en todo el día, y son ya las 4 de la tarde. ¿Los museos están abandonados porque no hay demanda, o no hay demanda porque los museos están abandonados? Me abono a las dos explicaciones. Los museos están abandonados, sí. Y no hay demanda cultural, ni en São Luís, ni en el resto de Brasil, con algunas notables excepciones. El brasileño es un turista de playa y juerga.

Hoy a las 5 de la tarde hay dos actuaciones folclóricas en sendos edificios del centro. Nos vamos a tener que dividir para poder acudir a las dos. Como no llueve, la primera actuación tiene lugar en una plaza delante de la Casa do Maranhão. Se trata de otro grupo de Tambor de Crioula . Si en los trajes del grupo que vimos ayer predominaba el azul, hoy la tonalidad dominante es el rojo [FOTO]. Ritmos, fisonomía, cadencia, todo recuerda mucho al Caribe, a Cuba. Vale la pena pasar una hora viendo señoras casi octogenarias liderando el baile [FOTO], faldas rodando en giros interminables [FOTO], tambores sonando sin parar [FOTO].  

El cielo se cubre, viene la lluvia. Con el tiempo justito para no mojarnos llegamos al escenario de la segunda presentación de la tarde, esta vez una quadrilha, la forma de celebrar las fiestas juninas más conocida en el resto de Brasil. Cae un chaparrón tremendo, y se suspende la actuación, que también era al aire libre. Con los trajes mojados no se puede bailar. 

Se acaba el día. Mañana nos toca madrugar – y tanto – para ir a los Lençóis.

Día 3. 18 junio. São Luís - Barreirinhas.

Suena el despertador a las 4 y media de la mañana, que a las 5 pasan a buscarnos para llevarnos a Barreirinhas. Barreirinhas es un pueblo de casi 50.000 habitantes que ejerce la función de puerta de entrada a los Lençóis Maranhenses [SATÉLITE]. De hecho, la inmensa mayoría de los turistas que visita la región sólo llega a conocer Barreirinhas. 

Antes, el desplazamiento desde São Luís hasta Barreirinhas se hacía por una carretera sin asfaltar que convertía el viaje en una pesadilla de nueve horas de duración. La carretera fue asfaltada recientemente, lo que permite llegar a la ciudad en tres horas y media. De las cuatro formas posibles de desplazarse a Barreirinhas [ver TRANSPORTE en la columna de la derecha], elegimos el microbús por la comodidad que supone que te pase a buscar a la pousada y te deje en tu alojamiento en Barreirinhas. La salida tan temprana del microbús se debe ha que hay muchos locos que van y vuelven de los Lençóis Maranhenses en el día, excursión absurda donde las haya. Por eso el microbús sale a las 5 de la mañana, y llega de vuelta a São Luís a las 9 de la noche. 

Tras las tres y horas y media de carretera, con una fugaz parada para desayunar, llegamos a Barreirinhas. Una ciudad espantosamente fea y caótica. Ejemplo sin igual de adonde lleva el desarrollo descontrolado y el turismo insostenible. El asfaltado de la carretera tuvo como consecuencia una mayor afluencia de turistas a Barreirinhas. Con ellos vino el dinero, y con el dinero millares de personas de la región se dirigieron a la ciudad y se instalaron donde bien pudieron, sin contar con ningún servicio de alcantarillado o agua potable, por mencionar lo más básico. Barreirinhas ya tiene su propia favela, al lado de la mansión del alcalde. En poco tiempo, Barreirinhas tenía ya más de un centenar de pousadas, oferta desproporcionada para el número de turistas que llegan a una región tan remota. Esta sobreoferta ha degenerado en una competición feroz y desleal entre las diferentes pousadas para hacerse con los clientes. En el pequeño recorrido que el microbús hace por la ciudad, llevando a los turistas a sus diferentes hoteles, pasamos por algunas calles que recuerdan muchísimo a imágenes de la India. Calles sin asfaltar, con las aguas residuales a cielo abierto, y un mercado en el que la carne y el pescado, pasto de un enjambre de moscas, están expuestos sobre cajas de madera bajo el inclemente sol de la región. 

Si el turismo trajo algún beneficio a la región, no sabemos dónde fue a parar (aparte de a la mansión del alcalde). En la periferia de Barreirinhas veremos la construcción de algunas urbanizaciones de alto estándar en áreas de protección ambiental. Obras vinculadas a aquella familia poderosa que gobierna y es dueña del destado. Ah, Barreirinhas cuenta con una oficina de turismo situada fuera de la población, y a la que no acude absolutamente ningún turista por estar lejos de todo. Pero el que tiene experiencia de viajar por Brasil ya sabe perfectamente sobrevivir sin los servicios de las inexistentes oficinas de turismo. 

Nuestro alojamiento en Barreirinhas, o mejor, en las afueras, ya que se encuentra a 1 kilómetro de la ciudad, es nuestro mayor lujo del viaje: el Porto Preguiças Resort, una pousada encantadora que rápidamente nos hace olvidar las imágenes de Barreirinhas. El Resort nos brinda dos días de comfort y relax que poco tienen que ver con lo que nos espera más adelante. Localizado a la orilla del río Preguiças , el Resort está formado por dos docenas de chalets de 58 m2 cada uno [FOTO]. Una piscina con fondo de arena – que recuerda a las lagunas de los Lençóis – e innumerables lujos contribuyen a nuestro bienestar en el lugar [FOTO]. Una siriema (Cariama cristata) anda suelta por la pousada y de vez en cuando nos despierta con sus gritos escandalosos [FOTO]. 

Llegamos pronto de São Luís. Nos instalamos rápidamente en el resort, y nos cambiamos de ropa para salir y hacer la primera excursión por los Lençóis. Un 4x4 nos va a llevar hasta uno de los límites entre la vegetación y las dunas del Parque Nacional. Primero tenemos que cruzar el río Preguiças en una balsa improvisada [FOTO] [FOTO]. Después, una hora de viaje por pista de tierra, atravesando charcos de agua formados por la lluvia torrencial de los últimos días en los que el vehículo entra sin que nunca tengamos la seguridad de que va a conseguir salir. 

El jeep llega hasta el límite de las dunas, en el que, repentinamente, la vegetación de restinga [artículo detallado sobre la restinga en la Wikipedia en portugués] da lugar a la arena, en una transición radical y sorprendente [FOTO] [SATÉLITE]. Subimos una duna de 40 metros para disfrutar de la primera vista de los Lençóis Maranhenses, ¡el sueño de tantos años finalmente realizado! Hasta donde alcanza la vista, una sucesión interminable de dunas y lagunas [FOTO]. Como ha llovido mucho desde el comienzo del año, las lagunas están llenar a rebosar [FOTO] [ver CUÁNDO IR en la columna de la derecha]. A partir de ahora, y hasta final de año, las lluvias cesan y las lagunas se van secando rápidamente. Sólo las más grandes permanecen con agua todo el año.  

Hacia las lagunas nos encaminamos. Durante las próximas tres horas, vamos a recorrer un buen número de lagunas [FOTO], aprovechar para bañarnos en sus aguas calientes [FOTO] [FOTO], y disfrutar con el cambiante paisaje. Todo ello perdidos en la inmensidad del desierto. El agua de las lagunas es caliente. Están llenas de pececitos, que milagrosamente consiguen sobrevivir en forma de huevas durante el invierno, cuando las lagunas se secan. 

Como todo lo bueno llega a su fin, tenemos que volver al 4 x 4 para ponernos en marcha y volver a Barreirinhas antes de que oscurezca. De vuelta en el resort, aprovechamos para descansar en la piscina y tomarnos unas cervezas bien frías antes de que caiga un auténtico chaparrón.

Día 4. 19 junio. Barreirinhas.

Hoy va a ser un día tranquilo, de auténtico relax. Normalmente, este tipo de días se colocan al final del viaje, para poder recuperarse del cansancio acumulado. Pero a lo mejor ese cansancio no permite disfrutar al máximo del lugar. Estamos con las fuerzas intactas y durante todo el día disfrutamos al máximo de las instalaciones del hotel. Incluyendo un paseo en kayak por el río Preguiças. Río que debe su nombre (“perezoso”) al ritmo manso de sus aguas. Tan manso, tan manso, que embarcados en el kayak, y cuando paramos de remar, no vamos ni río arriba, ni río abajo. El Preguiças es un río fascinante. Especialmente cuando se tiene en cuenta que no aparece en casi ningún mapa, a pesar de su formidable tamaño y características. Su anchura a su paso por Barreirinhas supera los 100 metros. Y la influencia de la marea en esta parte de Brasil es tal que, a pesar del Resort estar a más de 50 kilómetros de la desembocadura del río, la marea se deja sentir, haciendo que suba y baje ostensiblemente el cauce del río. 

Hago un inciso para hablar de las mareas en el estado de Maranhão, porque no hay nada parecido en todo Brasil. Son mareas de 6 metros, habiéndose registrado una oscilación récord de 8 metros de altura. Hay dos litorales en el Maranhão, el de la marea alta y el de la marea baja. El mar se retira un kilómetro cuando baja la marea. Al viajero desavisado le puede sorprender, y mucho, esta situación.

De acuerdo, tampoco hemos venido hasta tan lejos para no hacer nada. A las 9 de la mañana cogemos el teléfono y nos apuntamos para sobrevolar en avioneta los Lençóis. El cielo está despejado y promete unas fotos maravillosas. Qué pena que sólo acabemos despegando a la 1:30 de la tarde, cuando ya se está nublando. Aún así, el vuelo vale la pena. 

Del aeropuerto (una caseta) de Barreirinhas, salimos en un monomotor con cinco pasajeros y el piloto [FOTO]. Dentro del aparato hace un calor infernal, y no tardo en comenzar a sudar como un porcino. Primero, la avioneta sigue sinuoso el curso del río Preguiças [FOTO] [SATÉLITE] hasta el mar, dejando Mandacarú a la izquierda [FOTO] y Caburé a la derecha [FOTO]. Desde lo alto observamos perfectamente la inusitada localización de Caburé, donde nos alojaremos esta misma semana. 

Llegado al mar, el piloto pone rumbo oeste para adentrarse en los Lençóis. A partir de ahora son kilómetros de dunas y lagunas, lagunas y más dunas [FOTO] [FOTO] [SATÉLITE], interrumpidos únicamente por el oasis de la Queimada dos Britos [FOTO] [SATÉLITE], en mitad de los Lençóis. Durante 20 minutos sobrevolamos medio parque extasiándonos desde lo alto con la contemplación de un paisaje único.  

A estas alturas de vuelo, ya no estoy sudando, estoy chorreando. Me empiezo a sentir mareado, el calor está haciendo efecto. No dejo de observar y fotografiar un instante, pero anhelo ya la vista de la pista de aterrizaje. En el camino de vuelta pasamos por encima de nuestro resort [FOTO], cruzamos Barreirinhas, y nos posamos con suavidad en el aeropuerto. Como suele ocurrir en estos casos, al pisar tierra un sentimiento maravilloso de alivio se apodera de mí. 

Si el dinero lo permite (no es barato pero tampoco es un valor tan exagerado, 50 euros al cambio del día), vale la pena hacer el vuelo. Permite contemplar los Lençóis desde una perspectiva única, y hacerse a la idea de la grandiosidad e infinitud del parque. Eso sí, olvidaros de hacer buenas fotos, los cristales de la avioneta están rallados y sucios.  

La mejor caipirinha del viaje (y la única, creo recordar, dimos prioridad a la rehidratación con líquidos no alcohólicos) nos la cepillamos de vuelta en el resort [FOTO].

Día 5. 20 junio. Barreirinhas - Caburé - Atins.

Dejamos el resort, y con él el lujo y el confort, y nos vamos a la parte más remota del viaje. Hay varias formas de llegar a Caburé. Por tierra, en un 4x4, que parece no estar circulando en estas fechas debido a la gran cantidad de agua que hay en el camino. O en barco. O bien en el barco de línea [FOTO], que tarda 5 horas y sale una vez por día, o en una lancha rápida (voadeira [FOTO]) que llega a Caburé en una hora, pero es una opción bastante más cara. Optamos por la lancha rápida porque además de no suponer una pérdida muy grande de tiempo, el camino de ida incluye un detallado paseo por el río con varias paradas en lugares de interés. 

El piloto de nuestro barco es o Pescador [FOTO], que dejó la profesión que le dio el apodo y se dedica ahora a conducir lanchas rápidas. Él es, en gran medida, el responsable de que el descenso del río se convierta de una de las experiencias más estupendas de todo el viaje. Porque hay descensos de río y descensos de río, como podremos comprobar durante el día de hoy. Nuestra lancha va a ser adelantada innumerables veces por otras embarcaciones que pasan a toda velocidad para llevar a los turistas hasta el destino final del paseo, el restaurante en el que van a almorzar. Pescador no, el río es su pasión y le parece una ofensa tratarlo con tanta desconsideración. Por eso va parando para enseñarnos con calma la diferente vegetación, los ribereños trabajando los productos de la tierra. Cada vez que divisa un ave, para la lancha para poder observarla con atención. Se adentra por un igarapé (brazo estrecho del río) para encontrar caimanes, sin suerte.  

El Preguiças es un río majestuoso que merece toda esa atención. Con una anchura que va de los 100 metros hasta el kilómetro, y rodeado de vegetación frondosa durante la mayor parte del recorrido que hacemos hoy, hace recordar a un pequeño Amazonas transplantado a esta región de Brasil.  

Tardamos dos horas en recorrer los 50 kilómetros de río hasta nuestra primera parada, en Vassouras. Son tres (literalmente) cabañas de pescadores entre el río y la zona de dunas y lagunas conocida como Pequenos Lençóis [FOTO] [SATÉLITE]. Las familias que en ellas habitan viven de la pesca y del turismo, vendiendo refrescos y artesanía a los turistas que hacen escala todos los días en la minúscula aldea. Las cabañas están al pie de una gran duna. Subiendo hasta la cima de la misma, con la ayuda de una cuerda, se contempla ya una vista panorámica de la región. A un lado, el río y la vegetación frondosa. Al otro, las arenas y las lagunas [FOTO]. 

El término Pequenos Lençóis hace alusión a la extensión de la zona, mucho menor que la de los Grandes Lençóis, de los cuales está completamente separada. Pero el paisaje es muy similar: dunas y lagunas [FOTO]. Con un rasgo diferencial, la arena de los Pequenos Lençóis es de tonos amarillentos [FOTO], mientras que la de los Grandes es mucho más blanca [FOTO]. Ah, y la arena de los Pequenos Lençóis arde. Lo que pudimos comprobar al adentrarnos en el área descalzos. Casi se podía oír el ruido de las plantas de los pies friéndose lentamente. El olor a chamuscado delataba también el fenómeno. Futuros visitantes, ni se os ocurra entrar en estas arenas descalzos. 

El paisaje de los Pequenos Lençóis es gozoso. Una combinación perfecta de agua y arena de la cual nuestros ojos no se cansan nunca [FOTO]. Aprovechamos para darnos un baño rápido en una de las innumerables lagunas [FOTO]. Aquí el viajero elige dónde se baña, la oferta es interminable. 

Después de una hora en los Pequenos Lençóis, nos subimos al barco para una corta navegación hasta otro pueblecito de pescadores, Mandacarú, donde se encuentra un faro abierto al público (se pagan R$2 para subir, sin ascensor, claro) [FOTO]. Desde lo alto del faro se disfruta una estupenda vista del río Preguiças y el mar [FOTO].

Desde Mandacarú, otra pequeña travesía hasta el otro lado del río Preguiças, cuyo cauce tiene en este punto una anchura de 700 metros. Llegamos a Caburé, el lugar más especial que vamos a visitar durante el viaje [FOTO]. Su localización es privilegiada, única. Una barra de arena de 600 metros de anchura entre el mar Atlántico y el río Preguiças. Ocupada únicamente por algunas cabañas de pescadores [FOTO] y por cinco pousadas establecidas en el lugar. En principio, no nos vamos a quedar en Caburé hoy por la noche, porque queremos seguir nuestro viaje rumbo a Atins. Pero como el último punto del trayecto de las lanchas rápidas antes de volver a Barreirinhas es Caburé, nos vemos obligados a desembarcar.  

La parte más complicada del viaje es el transporte entre Caburé y Atins. Las lanchas rápidas no llegan hasta Atins, y el barco de línea sólo pasa una vez por día. Hay que buscarse la vida y localizar a alguien que nos quiera llevar. Aparece un chaval que dice que nos lleva en su barco de vela de plástico por R$40 [FOTO]. Debe pensar que somos un cajero automático ambulante. Declinamos la oferta y nos disponemos a comer mientras resolvemos el problema del transporte. Casi por accidente hemos acabado en la Pousada do Paturí [FOTO], donde Cecília ya se había hospedado hace seis años cuando tenía otro nombre y otro propietario.  

Conversamos con Susana, la mujer de Paturí, el dueño de la pousada, que hace varias llamadas por teléfono y finalmente localiza a alguien que puede estar interesado en llevarnos a Atins. Mientras tanto, aprovechamos para comer, unos filetes de pescado espectaculares y fresquísimos. Qué bien se come en la Paturí.  

El Rodela, que vive en el vecino Mandacarú, aparece con su barca con motor fueraborda y, después de una breve negociación, acordamos que nos lleve a Atins por $35. Son 20 minutos en su barca frente a una hora y media en el barquito de vela del chaval de antes. La Pousada do Paturí tiene su propio embarcadero, y desde él partimos hacia Atins [FOTO].

Llegamos a Atins cansados, después de un día intenso, y decidimos alojarnos en la primera pousada que nos encontramos (de las tres que existen en el pueblo): la Filhos do Vento. Son casitas individuales redondas cubiertas por un techo de paja. 

Decidimos acercarnos al mar, detrás de la pousada, para ver la puesta de sol. Y después cenamos unos bocadillos regados con zumos exóticos en el único establecimiento que sirve comidas de Atins. Somos tres turistas en la población, nosotros dos y un francés. No hay mucho que hacer en Atins y nos vamos a (intentar) dormir. 

Día 6. 21 junio. Atins.

Ha sido la peor noche del viaje. Encontrarse ranas y lagartijas en el cuarto es normal en estas latitudes. Pero cuando la fauna de la habitación se completa con cucarachas de tamaño gigante que son pisoteadas y vuelven de la muerte, arañas, hormigas y otros bichos variopintos, la cosa se pone fea. Una mosquitera cubre nuestra cama, pero estando como está llena de agujeros dudamos mucho de su eficacia. Dormimos con un ojo abierto y otro cerrado, y con la boca cerradísima para evitar la entrada de insectos no deseados. 

En principio nos íbamos a quedar dos días en la pousada, pero después de la experiencia zoológica decidimos hacer las maletas y nos transferimos a la vecina tía Rita [FOTO], que alquila habitaciones por un precio módico (R$15 por persona frente a los R$75 por cuarto de la Filhos do Vento). Dejamos el equipaje y emprendemos la caminata más larga de las vacaciones. Comenzamos a andar a las 8 de la mañana y volveremos a las 6 de la tarde, cuando ya esté anocheciendo. 

Vamos a conocer otra esquina de los Lençóis Maranhenses. Para ello, hemos contratado un guía, que resulta ser el padre de la mujer de la pousada Filhos do Vento. Como ha llovido mucho durante las últimos meses y el camino que lleva hacia la casa de Luzia (donde vamos a comer) está completamente inundado – y andar pisando barro no es agradable – vamos a hacer la primera parte de la caminata por la playa. Un par de horas caminando por la arena, encontrándonos únicamente con algunos pescadores, con miles y miles de diminutos cangrejos, esqueletos de un tipo especial de estrella de mar [FOTO], y algunas cabras [FOTO]. 

Llegamos a la cabaña en la que vive Luzia [FOTO], hacemos un alto en el camino para beber agua, y después de anunciar que volveremos para comer, continuamos la marcha hacia los Lençóis, que ya están ahí, a 200 metros de nosotros. Entrar en ellos es como descubrir un nuevo mundo. Uno se pregunta si Neil Armstrong sintió algo muy diferente cuando pisó la luna por primera vez [FOTO]. Es un paisaje lunático, marciano, sin igual. Volvemos a las dunas y a las lagunas, las lagunas y las dunas [FOTO] [FOTO]. Solo que aquí no hay turistas. Únicamente nosotros y el guía (hago un paréntesis, el pobre señor, de nombre Divino, de guía no tenía nada; no se sabía el camino, y no sabía nada de nada sobre el lugar; si continuamos con él es porque nos partía el corazón mandarle a paseo). El atracón de paisajes extremos es colosal [FOTO]. En unas circunstancias bastante extremas también, bajo un sol inclemente, pisando continuamente arena, con la poca agua que cargábamos completamente agotada. Durante casi dos horas recorremos lagunas y dunas, y aprovechamos para darnos un baño exclusivo en una laguna bastante grande, de nombre desconocido [FOTO]. 

Llevamos andando bastante rato, y el hambre comienza a dejarse sentir. Volvemos a la casa de Luzia, toda una institución en la región, y toda una referencia culinaria en el estado. En el humilde (¡humildísimo!) restaurante da Luzia se comen unas gambas de chuparse los dedos [FOTO]. Parece mentira que en esa casa de paja, rodeada por el desierto, a dos horas andando del pueblo más cercano, sin electricidad, uno pueda sentirse tan cerca del paraíso al degustar el marisco que prepara Luzia. 

Además de cocinar, Luzia ofrece alojamiento básico a los mochileros que se acercan por ahí [anotad, R$15 el cuarto por persona, o R$5 la hamaca para el que quiera dormir en una de ellas]. Es una base excelente para visitar los Lençóis, al hallarse a pocos metros de las primeras dunas, y permitir una exploración tranquila y sin otros turistas de una región maravillosa. Luzia es todo un personaje. Imposible describir las sensaciones que transmite a través de su habla ininiterrumpida. 

Pensábamos volver a Atins en un todoterreno que pasa todos los días por la cabaña de Luzia. Pero hoy no hay rastro de él, parece que llega con retraso, y como no podemos arriesgarnos a tener que volver andando después de que se ponga el sol, con gran pereza y poca disposición nos ponemos en marcha a las 4 de la tarde, son dos horas andando de vuelta a Atins. 

Esta vez nuestro guía escoge un camino diferente. No podemos volver por la playa porque la marea ha subido. Vamos bordeando el pie de las dunas de los Lençóis durante 1 hora y media. El entretenimiento nos lo proporcionan las decenas de parejas de teros (Vanenullus chilensis), un ave muy común en Sudamérica, que tienen sus nidos a lo largo del camino. Una de las características del tero es la agresividad con la que defienden sus nidos de los instrusos que a ellos se aproximan. Lo de aproximarse, es un decir. Porque pasamos a decenas de metros de ellos, caminando tranquilamente. Pero de nada sirve, durante una hora y media somos visitados repetidamente por teros que se aproximan gritando escandalosamente y haciendo vuelos rasantes con el objeto de intimidarnos. Más de una vez pasan a escasos centímetros de nosotros. Ni que decir tiene que no me molesto en sacar la cámara de la mochila, no quiero que se lleve un picotazo de tero. 

Después de una vuelta estresante – porque la primera y la segunda visita de los pajaricos, hace gracia, después es un auténtico tostón – llegamos de vuelta a nuestra base a las 6 de la tarde, 10 horas después de nuestra salida hoy por la mañana. Estamos reventados. Vamos a nuestro cuarto en la casa de la tía Rita, nos cambiamos rápidamente, y cruzamos la única calle de Atins para entrar en el único establecimiento público del lugar para comer un sandwich calentito, y beber unos deliciosos zumos de cupuazú con leche [FOTO]. La cafetería, por cierto, es de la hija de la tía Rita, que además es profesora de la escuela municipal. Hoy, sí, somos los únicos turistas en Atins. Nos vamos a dormir después de haber contemplado un cielo estrellado de esos que parecen de mentira, especialmente para un urbanita, de tan bonito e iluminado que está. 

Día 7. 22 junio. Atins - Caburé.

Habíamos quedado con el Rodela, nuestro barquero, que aparecería por Atins al mediodía para llevarnos de vuelta a Caburé. Rodela aparece puntual, y en veinte minutos estamos otra vez en la Pousada do Paturí, en Caburé, donde nos vamos a quedar dos noches. 

Hora de comer. Pescado delicioso una vez más. Nos encontramos con Rose y Ugo, una pareja de brasileños que lleva ya un par de días en Caburé y piensa quedarse bastantes más. Charlamos con ellos y nos ponemos de acuerdo para hacer dos excursiones en barco mañana.  

A las 4 hay partido del Mundial, juega Brasil contra Japón. A pesar de estar rodeados por la naturaleza más remota y extrema, hacemos un paréntesis en nuestras vacaciones para sentarnos en el comedor de la pousada, al aire libre, y rodeados de brasileños ver el partido. Es el menos malo de todos los que va a disputar Brasil en el mundial, al final 4-1 para los de Parreira. Cada gol viene acompañado de sonoras celebraciones, que asustan al simpático loro que nos acompaña posado en el asiento que queda más cerca de la tele [FOTO]. 

Acaba el partido y ya está oscureciendo. Contemplamos un precioso atardecer en el embarcadero de la pousada [FOTO]. Después de cenar, nos quedamos charlando animadamente con Paturí y Susana, los dueños de la pousada. Si Luzia la de las gambas es toda una institución, Paturí es todo un personaje. Un brasileño regordete, de piel quemada, que exhala simpatía por los cuatro costados. Es un torbellino humano, una ametralladora imparable de chistes y anécdotas. El mejor remedio contra la depresión. Nos vamos a dormir cuando apagan el generador que suministra electricidad a la pousada – a Caburé no llega el tendido eléctrico -. Normalmente desconectan el generador cuando acaba la telenovela de la emisora Globo, en torno a las 10 de la noche.

Día 8. 23 junio. Caburé.

Hoy tenemos dos excursiones planeadas. Por la mañana, cogemos un barquito que nos acerca al morro dos Bois, unos kilómetros río adentro, desde donde vamos a acceder a los Pequenos Lençóis y recorrerlos hasta llegar a Vassouras – donde ya estuvimos el día que bajamos el río en lancha rápida –. El Rodela no ha podido venir – dice que bebió más de la cuenta anoche – y manda a un amigo suyo. En diez minutos desembarcamos al pie de una duna [FOTO] , y después de acordar un punto de encuentro con el barquero para dos horas más tarde, comenzamos a subir la duna y adentrarnos en los Lençóis. Es el paisaje que ahora ya debéis conocer de memoria: lunas y lagunas, lagunas y más dunas. No por ello deja de ser fascinante. No hay nadie. Es un auténtico desierto. Sólo después de 40 minutos nos encontramos con dos vaquitas que pastan tranquilamente en la orilla de una laguna. Por lo demás, solo la arena y el sol como compañeros. Yo diría que por la relativa facilidad de acceso – no hay que reventarse para llegar, como era el caso de las dunas en Atins –, ésta es una de las excursiones más gozosas de todo el viaje. Con cientos de lagunas de donde elegir, nos metemos en una que tiene unas pintas excelentes y nos damos el baño de rigor [FOTO]. Qué delicia. 

Pasear por las dunas, sin una sombra ni media, tiene un límite. Después de una hora y media ya estamos cansados de tanto sol y nos acercamos a Vassouras, punto de encuentro con nuestro barquero. Hoy vamos a otra de las cabañas que forman la aldea. Ésta se encuentra entre la duna, el río, y un pedazo de bosque. Bosque que sirve de casa para un grupo de 35 monos simpatiquísimos, que se acercan a la cabaña siempre que aparecen visitantes, porque saben que con los turistas llega la comida [FOTO] [FOTO]. Los monos de Vassouras tienen nombres. Cuando llegamos, Pepe juega con un bebé y su madre [FOTO], mientras que Geraldo se interesa más por los plátanos que le ofrecemos. Nada se desperdicia, las cáscaras de los cocos también son objeto del interés de los monos [FOTO].  Ah, en la tele de la cabaña pasa el España – Arabia Saudí del Mundial. En ese momento me entero que vamos ganando 1-0. 

Llegamos de vuelta a la Pousada do Paturí a la hora de la comida. Después de un café, salgo por la parte de atrás de la pousada para hacer algunas fotos del paisaje lunar que la rodea [FOTO][FOTO][FOTO]. Si en lugar de arena fuera hielo, estaríamos en alguno de los polos. 

La otra excursión del día nos lleva, en barquito, hasta una zona cercana a la pousada en la que los guarás, aves de color rojo intenso que se alimentan de marisco, salen revoloteando al final del día creando un espectáculo majestuoso. Desgraciadamente, no contamos con la ayuda de la marea, y sólo conseguimos distinguir unos pocos guarás a lo lejos. El barquito no consigue acercarse más, a riesgo de encallar. Rose y Ugo nos cuentan que se puede llegar andando al lugar al que acabamos de ir en barco, y prometemos intentar el paseo mañana, antes de emprender la vuelta a São Luís. 

Día 9. 24 junio. Caburé - São Luís.

Hoy va a ser, de lejos, el día más intenso y alucinante del viaje. A los hechos me remito. 

Para comenzar el día, vamos a salir caminando por la playa de Caburé hasta llegar al manglar en el que normalmente se alimentan los guarás. La playa de Caburé es un escenario surreal, una playa desierta hasta donde alcanza la vista, una inmensidad abrumadora [FOTO]. Llegar al manglar es fácil. Lo difícil viene ahora, porque tenemos que encontrar una forma de acercarnos a los guarás, que se alimentan tranquilamente aprovechando que la marea ha bajado [FOTO]. La dificultad estriba en que todo el camino está formado por barro, en el que nos hundimos con demasiada facilidad. El mayor susto me lo llevo yo, cuando me hundo hasta las rodillas en el barro sin conseguir salir. Cada vez que lo intento, me hundo todavía más. Menos mal que me lo tomo con calma. Guardo la cámara con cuidado, que no la quiero rebozada en barro, y después de algunos esfuerzos consigo finalmente salir del lodazal, completamente pringado y cubierto de barro como si estuviera en el medio de una sesión de embellecimiento corporal. 

El paso en falso ha valido la pena, porque me he podido acercar bastante a los guarás. Un grupo de ellos, que rápidamente identificamos como la guardería del bando, se encuentra a nuestra izquierda. Son dos docenas de guarás de color marrón oscuro, el plumaje característico de los jóvenes, que todavía no han cambiado las plumas para adquirir la pigmentación roja intensa característica de la especie [FOTO]. A los guarás no les entusiasma la proximidad de los humanos, y no pasa mucho tiempo antes de que emprendan vuelo hacia un lugar más lejano [FOTO]. Además de los bebés, cuento una veintena de guarás adultos comiendo marisco plácidamente. En un momento determinado me he acercado demasiado a ellos, y también emprenden vuelo hacia un lugar más distante [FOTO]. Ha sido un momento delicioso. Los guarás son una de las aves más maravillosas que conozco, el color de su plumaje es hipnotizante, no parece real. Volvemos a la pousada, no sin antes entrar en el mar para intentar librarme de parte del barro que todavía cubre mis piernas.  

Hoy volvemos a São Luís. Para llegar de Caburé a Barreirinhas, tenemos que encontrar una lancha rápida que tenga dos plazas vacías, y negociar un precio con el barquero. Susana se encarga de buscarnos el transporte mientras aprovechamos para hacer las maletas y comer. Tiempo justo para tomar un café y ya estamos en la lancha rápida dejando Caburé rumbo a Barreirinhas, despidiéndonos desde los Lençóis hasta una próxima ocasión. 

La sensación de tristeza que nos invade al despedirnos de Caburé es muy intensa. Nos podríamos haber quedado una semana en este lugar tan remoto, disfrutando del aislamiento, de la naturaleza, de la arena. En Caburé no hay nada, y ese es el todo del lugar.  

Llegamos a Barreirinhas con dos horas de adelanto con respecto al horario de salida del microbús que nos va a llevar de vuelta a São Luís. Casi tenemos un disgusto, porque cuando aparece el microbús lo hace sin nuestra reserva (habíamos confirmado el viaje de vuelta con días de antelación). Si no hubiera sido porque había dos asientos libres en otro microbús de otra empresa, nos habríamos tenido que quedar en la horrible Barreirinhas a pasar la noche de San Juan. Un auténtico crimen. La es la empresa Van Express, que por lo demás presta un correcto servicio llevando y trayendo turistas a los Lencóis. 

Cinco horas después de salir de Barreirinhas, llegamos a nuestra pousada en São Luís. El viaje ha sido mucho más largo que el de ida porque desgraciadamente éramos los últimos en la lista de hoteles y pousadas por las que el microbús tenía que pasar entregando viajeros. 

Paramos muy poco tiempo en la pousada, lo justo para dejar las maletas y arreglarnos un poco. La noche de San Juan es la más importante de todo el año en São Luís, y no vamos a perdernos ni un minuto de fiesta por nada del mundo. 

En la plaza Nauro Machado hay actuaciones de varios grupos de boi, con sus maravillosos trajes [FOTO], su colorido [FOTO], sus ritmos hipnotizantes [FOTO], su música [FOTO], la belleza de las mujeres [FOTO], su fiesta. Durante seis horas ponemos broche de oro a un día maravilloso, que comenzó observando los guarás en un rincón remoto de Brasil y acabó en el punto culminante de una de las fiestas populares más maravillosas del país.  

Día 10. 25 junio. São Luís.

Qué ritmo de vacaciones el nuestro. Hoy nos tomamos una pequeña licencia y dormimos hasta un poquito más tarde, que el cuerpo ya no aguanta. El poquito viene limitado por la hora en la que se acaba de servir el desayuno en la pousada. A las 10 de la mañana, ya estamos listos para patearnos las calles de São Luís una vez más. 

Hoy vamos a la caza de algunas iglesias y monumentos que no visitamos la semana pasada por falta de tiempo. Hoy es domingo, y el centro histórico de São Luís está desierto, una auténtica lástima. Da hasta cierto miedo andar por las calles. Visitamos por fuera el teatro Arthur de Azevedo [FOTO], vemos la Fonte do Ribeirão [FOTO] [FOTO] y llegamos hasta la iglesia de Santo Antônio [FOTO]. A la vuelta, comemos en la Base de la Lenoca, pescado, faltaría más. Por la tarde visitamos la interesantísima Casa do Maranhão, donde existe una exposición permanente ilustrando de una forma bastante didáctica los diferentes aspectos de la fiesta del bumba-meu-boi. 

La gran ventaja de la pousada Portas da Amazônia es que está en el mismísimo centro de São Luís, cerca de absolutamente todo. A nuestro cuarto, donde nos hemos retirado a descansar un poco, llega la música de la calle que anuncia que está habiendo alguna actuación muy cerca de nuestro alojamiento. Esta vez se trata de una presentación folclórica muy popular en todo Brasil, la quadrilha [FOTO] [FOTO] [FOTO]Tanto que, en casi todas las regiones del país, donde no existe el bumba-meu-boi, exclusivo del Maranhão, constituye la forma tradicional de celebrar las festas juninas.

Después de la actuación de la quadrilha, presenciamos otras dos actuaciones folclóricas, de un grupo infantil de cacuriá [FOTO] [FOTO] y de otro de dança do coco [FOTO], que completan nuestra visión de lo que son las festas juninas en estas tierras.

Día 11. 26 junio. Alcántara.

Nos levantamos a las 5:30, que el barco para Alcántara parte a las 7. ¡Y a esto le llaman vacaciones! Alcántara es una ciudad encantadora a la que se llega desde São Luís en barco [SATÉLITE]. Una travesía de una hora y 20 minutos que sale del centro histórico de São Luís y llega al embarcadero de Alcántara. La mar está calma y la travesía se hace bien llevadera. Nos acompaña Ysidio, el guía con el que habíamos apalabrado la excursión hace una semana.

A la llegada a Alcântara, unos guarás pasan volando cerca de la embarcación. Ysidio nos había prometido la presencia de delfines, pero estos deben de estar durmiendo. A las 8 y media, comenzamos a subir la Ladeira do Jacaré, la calle que, partiendo del embarcadero, sube hasta el centro de Alcántara [FOTO].

Alcántara es una población de 22.000 habitantes que durante la época colonial fue un importante centro agrícola y comercial. La población conserva un delicioso sabor antiguo. Sus iglesias [FOTO], sus casas [FOTO], sus ruinas [FOTO], su calle de la Amargura [FOTO]. Sin ninguna construcción que desentone. La ciudad se visita en relativamente poco tiempo, y la compañía de un guía no es imprescindible, ni mucho menos. Si decidimos contratar los servicios de Ysidio fue porque a la promesa de llevarnos por los lugares más destacados de Alcántara, se unió la garantía de poder ver guarás en su habitat natural. Y vaya si los vimos. Bajando por la pista que lleva a la playa de la Baronesa, a la izquierda hay un humedal en el que los guarás se alimentan durante la marea baja [FOTO] [FOTO]. Continuando por el camino, y llegando ya a la playa, se divisan con facilidad numerosos guarás en la orilla [FOTO]. Varios pasan volando por encima de nuestras cabezas [FOTO]. El secreto está en la marea. Con la marea baja, los guarás acuden a la playa a comer marisco – sofisticados ellos –. En el final de la playa está la Pousada dos Guarás, un lugar bastante majo para el que quiera pasar una noche en Alcántara.

De vuelta a la parte urbana, recorremos más calles, y acabamos almorzando en el restaurante Cantaría, donde trabaja una argentina que lleva casi dos décadas en Brasil. Pescado delicioso, una vez más. Mientras acabamos de comer, se nos acerca un chaval que en un tuperware lleva doce de espécie, el dulce típico de Alcántara, una delicia hecha de coco [FOTO]. Viene con los dulces calientes, acaban de salir del horno de su abuela. El guía ya nos había contado que esos chavales son la mejor forma de comprar los dulces, con garantía absoluta de calidad.

El barco vuelve a las 3. Si la mar estaba tranquilo a la ida, a la vuelta no lo está tanto, y a mí me falta muy poco para vomitar. Qué mareo. Y eso que estamos en una época del año en la que la mar está calma. Cuentan que entre agosto y octubre la mar está tan brava que las bolsas de plástico se agotan rápidamente: raro es el turista – y más de un lugareño – que no vomita en la travesía.

Como es lunes, hoy no hay festejos en la calle. Sólo en la Casa de la Cultura, en un espacio muy apretado, se presenta un boi. Damos una pasada rápida por el lugar pero realmente no se compara con lo que ya habíamos visto en las calles.

Día 12. 27 junio. São Luís - São Paulo.

Nos vamos. Como nuestro vuelo solo sale por la tarde, tenemos tiempo de hacer las compras básicas de souvenirs en el centro de la ciudad. El horario de nuestro vuelo es un poco complicado, porque justo antes se disputa el partido de octavos de final entre Brasil y Ghana. Conseguimos un taxi que nos lleva al aeropuerto durante el descanso del partido - la ciudad está desierta - y vemos la segunda parte en el aeropuerto. Brasil 3-0, aunque sin convencer. En la escala en Brasilia me entero de que Francia ha eliminado a España del mundial. Poco imaginaban los brasileños que ellos también iban a caer a manos de los franceses.

Se acaban 12 días aprovechados al máximo. Un viaje que ha sido una combinación perfecta de naturaleza y civilización.